jueves, noviembre 09, 2006

Atribución de la felicidad ajena.

Últimamente he estado muy liado con el estudio, razón por la cual no he tenido demasiado tiempo para escribir. Y aunque sé, que mi querida licenciatura en psicología tiene amplias salidas laborales, que van desde camarero mileurista (muy buenos psicólogos que son los camareros, oye. Lo mismo también somos buenos camareros los psicólogos) a voluntario del plan de prevención de drogas del ayuntamiento (una ocupación que te llena por dentro y por fuera, vamos, que te llena todo todo menos el bolsillo), no puedo dejar de sentir una leve sensación de desazón ante un futuro más bien poco luminoso que no tardará en llegar. Por eso, y siguiendo la lógica de la señorita Scarlett O'Hara, decido disfrutar del presente, centrarme en estudiar una carrera que me apasiona y pensar que mañana será otro día.

Y así era yo feliz, basando toda mi autoestima y mi felicidad en la vertiente académica de mi vida (ya que cualquier otra vertiente de ella está vacía cual desierto sahariano). Lo sé, parco pilar de mi felicidad es la alegría y el alboroto de los años universitarios, de los que me quedan cada vez menos, pero mis neuronas han dado ya la voz de ¡sálvese quien pueda! y se agarran a cualquier cosa. Y digo era porque, el otro día después de clase, una amiga me contó, con nocturnidad y alevosía, que un amigo gay ha decidido casarse. El bombardeo a mi frágil e inocente pilar fue debastador, no quedaron ni los cimientos. El amigo en cuestión ronda los veinte, es estudiante y hace varios años que sale con un hombre que le saca más de diez años.

Mi amiga (versión mujer heterosexual de mi desastrosa vida sentimental) y yo decidimos entonces, sin darnos cuenta, aplicar de manera práctica nuestros conocimientos sobre Psicología social. El proceso de atribución es uno de los fenómenos por dicha disciplina estudiados, y consiste en un proceso de búsqueda de las causas a la conducta ajena o propia. Una de los hechos que se analizan en los estudios sobre dicho proceso, es en qué circunstancias atribuimos las causas de un hecho a nuestro propio esfuerzo, a nuestras aptitudes o a nuestros méritos, y en qué otras atribuimos las causas a la suerte, al destino... Nuestra psique es quebradiza, y no hay nada como el autoengaño para mantenerla a salvo, de modo que nuestra conversación descendió por una espiral de argumentos que apoyasen nuestras ideas sobre lo incorrecto de dicho matrimonio:

  • "Nunca han convivido juntos, por más que lleven años saliendo, no es lo mismo tener una relación que convivir, yo no me casaría con nadie antes de convivir con él."
  • "El novio es mayor, y ya se sabe que a una cierta edad se empieza a buscar la estabilidad, pero él, con veinte años y habiendo pasado los tres últimos con él, puede que dentro de no mucho tiempo sienta que no ha vivido lo suficiente. Yo siento que aún me quedan muchas cosas por vivir como para atarme de manera definitiva a alguien".
  • "Dicen estar muy enamorados, pero una vez tuvieron una discusión de lo más tonto, y en lugar de arreglarlo, decidieron dejarlo. En una relación establecida no se entiende eso de dejarlo a la mínima como un par de adolescentes".
  • "El novio tiene un apartamento en pleno centro y un trabajo fijo, él aún está estudiando... yo no soportaría sentirme mantenido por mi pareja".
  • "Mantienen una relación obsesiva, no hacen nada el uno sin el otro, no tienen vida propia, yo no podría soportalo".
  • "¡Puff! Casarse... Yo jamás me he sentido tan unido a una persona como para creer que me apetece estar con ella él resto de mi vida. Es muy precipitado, ¿qué va a ser lo próximo, adoptar una niña china? ... ¡¡¡¿¿¿Qué???!!! ¡¡¡No me dirás que también se lo están planteando!!!"
Somos egoistas, somos envidiosos, somos terribles... En el proceso de atribución de la felicidad ajena, y en un intento por sobrevivir a nosotros mismos, sin duda alguna consideramos que las causas de dicha felicidad ajena han de ser las ideas equivocadas de los demás. La gente, que se cree que la vida es de color de rosa, y por eso se enamorada y es feliz, y se casa, y tienen planes de futuro en común con su pareja... No como yo, que me doy cuenta de las cosas y veo los problemas donde otros no los ven. Por eso yo estoy solo, por eso yo tengo una carrera a medio terminar y un futuro oscuro, por eso yo no soy feliz. Yo es que prefiero ver las cosas como son y no vivir en el maravilloso mundo de fantasía en el que ellos viven. La culpa no es mía, es de los demás, ¿no?, ...¡¡¿¿no??!

5 Comentarios:

At 5:51 p. m., Anonymous Anónimo said...

bueno no se... hay que pensar las cosas, pero tal vez esten bien y felices, en algun momento de tu vida tal vez te des cuenta que necesites a alguien...

 
At 7:15 p. m., Blogger Para, creo que voy a vomitar said...

Haciendo el proceso de la atribución a los demás y no a uno mismo..., anda que!!!

Yo no veo las cosas de color de rosa y estoy enamorado..., eso no quita para que tenga mis momentos ñoñis. Te puedo asegurar que ningún velo de terciopelo rosa tapa mis ojos, pero a veces es bonito dejarse llevar. Se entiende mejor cuando se está enamorao (sin acritud).

Disfruta la Universidad! No sabes lo que la echo de menos...

 
At 10:17 p. m., Blogger El psicólogo en potencia said...

Bueno, en vista a los comentarios recientemente recibidos, me dispongo a aclararos algunas cosas. El sentido del post era más bien distinto al que interpretáis. Pretendía ser una autocrítica (que incluía a mi amiga por extensión), un ejemplo de cómo ante la felicidad de los demás, buscamos inconscientemente razones que demuestren que no es oro todo lo que reluce, de cómo para mantener nuestra estabilidad emocional nos autoengañamos y no asumimos que la responsabilidad de nuestros actos y por ende de nuestra felicidad, recae sólamente en nosotros mismos. De esta forma, la historia de los futuros novios es sólo una excusa para hablar de mí (soy egocéntrico, lo sé). Sigue la línea de mis anteriores posts, y del blog en general, una visión algo pesimista del ser humano y la sociedad en la que vivimos. Homo homini lupus que diría Hobbes. Y en particular, no deja de ser sino un reflejo de mi actual crisis existencial. Os invito a releer el post, una vez hechas las alclaraciones pertinentes, a entenderlo de esta manera y a enlazarlo con la línea que une al resto del blog. Un abrazo y gracias por leerme.

 
At 6:15 a. m., Anonymous Anónimo said...

me encanta tu blog.
Lo mejor son las reflexiones q haces cuando caminas de vuelta a casa.
yo me atreveria a hacer un paralelismo:
para mi dichos planteamientos vienen a ser una version etilica y urbana de los planteamientos de marie alice young en md jeje
un cordial saludo

 
At 12:01 p. m., Anonymous Anónimo said...

Bueno, de cierta manera, también es agradable vivir en su propio mundo. Claro que es demasiado fácil, sin embargo...¿quiénes son las personas más dichas? los tontos por supuesto.

Flaubert decía que para ser feliz, la primera cosa que se debe tener es la estúpidez. Pienso que es también una idea de las personas tristes, decirse que bueno...los demás son felices pero tontos...yo tengo el espíritu...quizá...valgo más.

¿Cuántas lágrimas cuesta eso?
Sólo una impresión de poder...que no es de verdad...

Pero, entiendo lo que dices, además ya lo sabes jaja. Sigo andando en el camino del conocimiento...aceptando las dificultades...escupiendo sobre ésas.

Fui camarera y...no sé..excepto ver a los borrachos...no aprendí muchas cosas (puedes encontrar a chicos de mierda que no merecen la pena...nada más).

Bueno, perdona por el español...soy francesa jaja. (intento lucir un poco)

 

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