domingo, octubre 29, 2006

The European way of life.

Hoy decididí no salir por el ambiente. Las experiencias vividas en la última ocasión me han quitado las ganas de volver a salir por esos lugares en un tiempo. A fin de cuentas es como todo, termina por aburrir cuando se repite demasiado. Quedé con mis amigos de la facultad y nos dispusimos a hacer botellón, como dignos exponentes de nuestra generación. Aún no habíamos comprado las bebidas cuando me cruzo con un extranjero bastante atractivo, acompañado de dos amigos. Al pasar me clava una mirada de las que me confieso incapaz de resistir. En menos de cinco segundos un conocido (gay reprimidísimo) que sale con nosotros hoy me hace insinuaciones sobre el "rubito". No tardo mucho en empezar a hablar con él (lo sé, no tengo remedio), y antes de que nos hayan terminado de servir, ya me he enterado de media vida y le he invitado a él y a sus amigos a unirse a nuestro grupo.

El chico es alemán, tiene 23 años y está pasando un año con una beca erasmus en Madrid, estudiando económicas. Ha venido a pasar el fin de semana a Cádiz con un par de amigos. Es rubito, muy guapo, de ojos avellana y barbita de una semana. Si algo se me da bien es hacer de anfitrión. Hablamos sobre Barcelona, sobre Berlín, sobre los jóvenes europeos... The European way of life. Hablamos en una mezcla de inglés, español y alemán ("aber nur ein wenig"). El chico me empieza a resultar bastante atractivo. No paramos de hablar, de reirnos.

El botellón empieza a decaer, la gente comienza a emigrar a la zona de discotecas. Mis "invitados" quieren vivir la noche, así que hago de guía. Mis amigos no están por la labor de seguirme, así que me despido de ellos y ejerzo mi papel: "this way, please". Por el camino seguimos hablando ambos a solas, tanto, que me decido a aclararle que me gustan los tíos, que me va la carne más que el pescado, o como dirían ellos Ich esse lieber Fleisch als Fisch. No obtengo respuesta aclaratoria por su parte, de modo que seguimos hablando. Diez minutos después no aguanto más, así que le pregunto directamente, tratando de no ser demasiado brusco. La respuesta es clara y concisa: NO. Vaya decepción....

No obstante, bailamos y nos divertimos, no me voy a deprimir por un tío que ni conozco (me digo a mí mismo). En ese momento empieza lo peor, miradas continuas, de soslayo, sonrisas apenas dibujadas... ¿Qué coño quieres? ¿No me has dicho que no eres gay? Comienzo a frustrarme y a preguntarme por qué no estará de moda eso de ser directo. A pesar de las miradas, las sonrisas y los coqueteos, no me dice una sola palabra. Salimos del local y nos encontramos a tres chicas. Universitarias novatas, estudiantes residentes en Cádiz, recién salidas del pueblo. Me divierto haciendo de traductor del grupo. Acabamos cantando y riendo en un banco de la alameda. Una de ellas, morena y atractiva, coquetea con mi rubito. Mientras, los demás seguimos de fiesta. Me río con los otros dos chicos y las chicas pueblerinas, aunque de reojo miro de vez en cuando a la "pareja". Pura envidia, no voy a negarlo, Homo sum: humani nil a me alienum puto.

Comienza a hacerse tarde y llega la hora de irse. Los dos chicos alemanes se han ido ya, y sólo quedamos las chicas, la "pareja" (que sigue coqueteando sin atreverse a dar el paso) y yo. Cruzamos la calle y los seductores se despiden con un par de besos y un par de roces de lenguas mal dados. El rubito se va sin despedirse de mí. Camino con las chicas. "No me lo creo, me he liado con un guiri" cuenta histérica la morena. Buf, lo que me faltaba por oir. Coloco a las chicas en el camino más corto a su residencia y me despido de ellas.

Andando de vuelta a casa por las calles vacías, solo, como de costumbre, reflexiono. No es más que un tío que ha venido a pasar el fin de semana y tres niñitas apenas salidas del cascarón. Lo cierto es que esta estúpida historia ni siquiera merecería ocupar espacio aquí. Y así ocurriría de no ser porque, esta estúpida historia, no es sino un reflejo más de lo que me rodea. La realidad con la que me encuentro fuera del ambiente. No sé qué es peor, estar fuera o dentro. Me pregunto por qué será tan jodidamente difícil ser gay. Decido olvidarme de los paranoicos reprimidos de internet, de los mucho menos reprimidos (aunque no por ello menos paranoicos) miembros del petardeo ambientil, de los tíos ambiguos e inseguros que me encuentro en mi restante vida diaria.... Definitivamente voy a acabar por convertirme en misántropo verdadero. Antes de llegar a casa recibo un sms del rubito: "¿tienes el teléfono de la chica guapa?". No puedo evitar reirme al leerlo, y reirme de la estupidez general que rodea mi vida, y en la cual, muy a mi pesar, yo estoy metido hasta el fondo. "No, lo siento, no lo tengo. Ciao"

2 Comentarios:

At 2:58 a. m., Anonymous Anónimo said...

Jeje estos alemanes son muy jodíos! Me pasó algo parecido hace unas semanas con un alemán también de Berlín, rubito. Aunque yo soy más cobarde y no me atreví a preguntarle si era gay. Tampoco hubiera sabido, con mi pésimo dominio del inglés. Aunque sí que le probé de decir que quería pasar la noche en mi casa. Aunque creo que no me entendió.
Y hace un par de meses salí de madrugada de una disco de ambiente y fui para coger el tren y no cambié el chip que ya no estaba en un lugar gayfriendly y empecé a hablar con un griego y sin darme cuenta ya lo había cogido por la cintura cuando me suelta "Que en España tenemos unas chicas muy guapas" En fin
Muy emotiva la carta anterior.

 
At 9:30 a. m., Blogger Para, creo que voy a vomitar said...

Bueno, haberle contestado "Por una mamada te doy el teléfono de la guapa", con un "lol" para que quedara claro que era de coña.

También puedes hacer la ruta bi..., es decir, sales un poco por heterolandia y luego por el ambiente, para intentar equilibrar la cosa.

Yo hace tiempo que sobrepasé mi cupo del ambiente, no lo soporto más allá de estar dos horas en un pub de vez en cuando. Todo cansa, y los mariquitas de discoteca mucho más!!

Un saludo de un psicólogo titulado (que pa lo que sirve!)

 

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