domingo, octubre 15, 2006

De reinas, hienas, chaperos y otras especies nocturnas.

Definitivamente llego tarde. Si aplicara la teoría freudiana a mis continuos retrasos concluiría que, inconscientemente, nunca deseo ir a ningún sitio. Es fin de semana, ronda la medianoche y el grupo me espera en una plaza. No hace mucho que los conozco, de hecho hace tan sólo una semana. El fin de semana anterior fui presentado por un amigo común, y como al fin y al cabo, las hormigas somos animales sociales, sociabilicé. El resultado: he vuelto a quedar con ellos este fin de semana, esta vez sin el amigo agente de presentación. Me integro con facilidad, los desconocidos nunca fueron un problema para mí a pesar de que, a diferencia de Blanche DuBois, nunca he confiado en su bondad.

La fiesta comienza pronto, la ginebra barata no tarde en recorrer mi esófago y las conversaciones se animan por segundos. Uno de mis nuevos amigos me resulta bastante atractivo y parece que he conectado con él algo más que con los demás, de modo que me lanzo al cortejo. Miradas insinuantes, conversaciones al oído mal entendidas a causa del ruido, ocurrencias reídas en parte por un intento de mostrar interés hacia el objeto de seducción y en parte debido a la sensación de sopor que el alcohol comienza a producirme... El lenguaje no verbal no deja lugar a dudas. En plena peregrinación de local en local, en uno de los numerosos intermedios callejeros, un individuo grueso, voluntariamente amanerado, con tacones de aguja y medias de rejilla nos aborda y comienza a gritar. Le conocen. A él y a toda la troupe du Cirque du soleil que comienza a unirse a nuestro grupo. Bebo con mayor rapidez. Por un momento recuerdo aquello que en una ocasión dijo Groucho Marx: "Bebo para hacer interesantes a los demás". Sonrío levemente mientras lo pienso, aunque nadie se percata de ello, hace rato que estoy solo, apoyado contra una pared.

Alguien se me acerca y comienza a coquetear, me pasa el brazo descaradamente por los hombros e intenta halagarme rápido y mal. Le dejo hacer, a pesar de que mis mordaces respuestas desvanecerían las esperanzas de cualquiera. Cualquiera con un nivel inferior de hormonas o alcohol en sangre, que para el caso es lo mismo. Un segundo alguien me advierte que un tercero está interesado en mí; "pero ése es chapero", puntualiza otro. Mi imaginación (bastante excitable de por sí) se libera a causa del alcohol, me transporta por un momento a alguna corte europea del XVIII. Visualizo los pelucones grises, los rostros empolvados, y los decorados acartonados. Las intrigas, las risas hipócritas y los amanerados gestos de indolencia no tengo que imaginarlos, los estoy viviendo en la realidad. Saludos por compromiso, falsas apariencias y cotilleos susurrados. Es ésta una microsociedad, un lugar al que acudir para ver y ser vistos. Hablando de ver, poco después vi al que fuera mi objeto de seducción intercambiando saliva apasionadamete con un desconocido.

Amanece, y camino hacia mi casa por calles aún (o ya) vacías. Solo. Y pienso que quizá sea mejor así, ya que además de urbana, puede que esta hormiga sea también misántropa después de todo.